miércoles, 9 de octubre de 2013

Como dos desconocidos

Como dos desconocidos.
Nos conocimos en su día y fuiste lo más importante para mí. Jamás pensé que te quitaría la cara, que miraría para otro lado para que no me vieras, que te retiraría el saludo. Lo mínimo. Ya no hay nada. Cero. Sólo somos dos completos desconocidos con recuerdos en común. No concibo que ni siquiera tengamos el valor para decirnos "hola", para preguntar "qué tal te va la vida". Compartimos momentos, tuvimos una historia.

Hubo un tiempo en que lo hubiera dejado todo por ti, en que lo hubiera dado todo por ti. Y hoy, tres años después, no me acerco para decirte "hola", para darte un saludo, para concederte una mirada. Y tú tampoco lo harías. Fuimos el uno para el otro durante un corto pero intenso periodo de tiempo y hoy en día ni nos saludamos por la calle. Y nunca lo haremos. Y si uno no ve al otro, el otro no se acercará jamás. No querrá ser visto. Se esconderá. Como si nos cayésemos mal cuando eso nunca pasó. Como si nos odiáramos cuando no es factible. Como si nunca hubiéramos sabido de la existencia del otro. No estoy orgullosa de esto. No soy así. Y al no haberte saludado siempre me quedará la incertidumbre de si te acordarás de mí.

Probablemente no nos veamos hasta dentro de otros tres años y ahí quizá ni nos demos cuenta de que nos hemos cruzado. Nos quedará "sonarnos". Resultarnos familiares. Es como si todo esto hubiera sido un sueño, que esto no sea la realidad, que nunca jamás haya pasado. Lo que no sé es quién de los dos lo soñó. Quizá todos esos recuerdos formen parte de una vida pasada y la realidad cuando te veo por la calle esté formada de deja vús. 

Es triste la vida. Que te ocultes de esa persona tan especial para ti en su día.

Que no haya ni un sólo motivo para decir "hola".


viernes, 30 de agosto de 2013

Amor

Yo sólo quiero un amor como el de ellos. Un amor en el que pueda decir: "te amo con toda mi puta vida". Un amor en el que sólo existamos el uno para el otro. En el que todas las personas de nuestra vida nos den la espalda porque nos olvidamos de que existen, porque sólo queremos estar juntos y todo lo demás nos da igual. Un amor de película, para que se joda toda la gente que nos desafió diciendo que eso no existía; a la mierda, ellos no saben lo que tenemos. Un amor real e imaginario a la vez. Un amor que sea para siempre, infinito, inacabable, incansable; en el que estemos tan tristes como felices, sin miedo a perdernos; un amor melancólico en el que se llore de felicidad; una cuenta atrás para ver a esa persona, que tu vida dependa de ella, que un día sin ella sea como el mismísimo infierno, un amor con confianza, amistad, risas y comprensión; con regalos sorpresa, que son besos; con momentos íntimos que sólo compartimos nosotros, que nadie excepto nosotros entiende; complicidad, entendernos con sólo una mirada; derretirnos en los ojos del otro, destrozarnos moralmente, un amor en el que ninguno conciba la vida sin el otro, que se muera de la tristeza y de la nostalgia con solo pensarlo. Un amor en el que sientas que has nacido para pasar el resto de tu vida a su lado, que renuncies a absolutamente todo, incluso tus SUEÑOS, por hacerle feliz. Un amor que no se pueda soportar porque el sentimiento sea tan fuerte que den ganas de matarse mutuamente para irse juntos al cielo, o al infierno, el sitio no importa, porque estaréis juntos, eternamente.

2:32 am

Escrito el 10 de Agosto de 2013.

Mi debilidad es tan o más inmensa que todos los océanos de este planeta. Sólo con una triste canción todo mi mundo se derrumba, todo se me cae. Esta tristeza, esta soledad que no soy capaz de arrancarme de mí misma, de derretirla, de sacarla de mis entrañas, me tiene atada a cada recuerdo, a cada minuto, a cada momento.
Sólo una pequeñísima pieza de todas las estrellas, asteroides y satélites del universo puede conmigo. Esa depresión infinita que jamás consigo paliar, que jamás consigo eliminar. Ese sin motivo triste que ocupa todos los días de mi vida. Esas mentiras, fingiendo ser la más sincera. Ese orgullo siniestro que me encarcela pero que siempre se va por mi falta de fuerzas, porque no me quiero a mí misma, por mi dependencia extrema de cada ser de esta tierra, necesidad de ser amada, de halagos, aunque sean burdos y grotescos, de atención, de que me amen. Ese miedo al dolor que puede infligir cada persona con la que hablo, cada escena, cada canción. Miedo a que la gente se vaya de tu lado para siempre, sin poder hacer nada para retenerlos junto a ti. Ataques de ira, asfixia y angustia. Ganas de vomitar. Envidia. De no tener lo que ellos tienen. Pero a la vez, comodidad. Por ser como eres. Por tu personalidad. Resignación, por no poder cambiarla. Más que comodidad, indiferencia. Vivir con más intensidad que nadie la tristeza, pero también la felicidad. Cada buen momento te lo guardas para ti de una forma que nadie podría. Lo sientes todo mucho más que los demás. No eres normal, eres especial. No saber por qué, pero desde que naciste sientes esa gran diferencia entre tú y los demás. Entre tú y la demás gente del puto universo. Eres un mar de cambios, un océano de diferentes estados de ánimo distintos cada día y cada noche. Por un lado necesitas espacio. Espacio para sobrevivir, para pensar, para no aguantarlos. Por otro, dependes más de ellos que de tu propia vida. Tienes sentimientos para con los demás y para contigo misma. Formas de comportarse. Tan diferentes como iguales: la doble vida. Pero no te engañes: jamás nadie te comprenderá. Eso es así y lo sabes. Entonces caes en la espiral del "nadie me entiende". La parte buena de todo esto es que puedes convivir únicamente contigo misma, que puedes conseguir que eso no te afecte. Por simple costumbre. Por el ojo por ojo que nunca has sabido aplicar. Por tu puta debilidad. Acabarás consiguiéndolo, por triste que suene, por puro cansancio, decepción y arrepentimiento.

Yo.

Escrito el 10 de Junio de 2013.

Tengo 20 años. Y ya sé lo que es amar. Ya he cumplido sueños. Sé disfrutar de todo tipo de arte y no me considero una ignorante. Soy madura y joven a la vez. Sé controlar. Soy impulsiva igualmente. Soy muy muy sensible y cualquier cosa que me pase, sea lo que sea, bien sean unas palabras de una persona o una canción, me llega muy adentro, me toca mucho la mente. Cosas insignificantes que para la gente son normales yo las vivo mucho más. Todo lo siento a flor de piel. Todo me afecta, tanto para mal como para bien. Soy sensata al fin y al cabo, pero también muy loca. Tengo mal carácter, pero cuando estoy bien soy muy dulce. Intento ser buena persona, aunque a veces parece que las cosas que digo o hago son para hacer daño, me doy cuenta más tarde, nunca en el momento. A veces pienso que soy mala sin quererlo. Cuando estoy triste, nadie está más triste que yo, nadie sabe lo que es, porque al ser tan sensible, nadie sufre como yo; pero cuando estoy feliz, tampoco nadie siente ni tiene la capacidad para sentir la felicidad como yo, tan pura, tan inmensa, tan completa. Siempre me pregunto si merece la pena ser así, yo creo que sí. A parte, no puedo cambiar. Pienso que creer que merece la pena también forma parte de mi personalidad, que cualquier otra persona diría que menuda mierda ser yo. Pero ellos no tienen ni idea. Soy especial. Me gustaría aplicar esa sensibilidad para algo, pero nunca le he encontrado utilidad en nada excepto en mi vida personal, pudiendo recordar cada gran momento con todo lujo de detalles. Quizá si hubiera seguido con la música... Siempre estoy nerviosa, aunque no tenga nada que hacer, Mi corazón siempre late muy rápido y normalmente siempre tengo miedo. Lo único que me relaja de verdad es una buena película, pero eso es sólo durante poco tiempo, y no ocurre con todas las que me gustan. Me siento orgullosa de, siendo lo sensible que soy y con lo mucho que me afecta todo y el miedo que le tengo a las cosas, haya pasado por todo lo que pasé. Y no estoy comparando mi vida con la de un niño de África, porque no sería ético ni moral, pero en mi mundo, mi vida nunca ha sido de color rosa. Pero siempre he pasado por encima y siempre lo he superado, a pesar de todo. 

Estoy contenta de ser joven y ya haber cruzado el charco, de haber cumplido sueños y cosas que quería hacer desde pequeña. A veces me quejo porque no tengo una pandilla de amigos con los que salir cada fin de semana, y pienso que no disfruto de mi juventud, pero en realidad ya he disfrutado de mi juventud y de mi vida en general mucho más que ellos. Soy muy depresiva y muy bipolar (sin faltar a los que fueron diagnosticados con esta enfermedad), pero supongo que es mi carácter y tengo que aprender a sobrellevarlo. Llevo conmigo a todas partes en el corazón la frase Whatever tomorrow brings, I¡ll be there, with open arms and open eyes, I'll be there. Es de una canción de Incubus y me recuerda que tengo que pasar por cosas aunque no quiera, pero que seré fuerte y pasaré por ellas porque al final serán todo nuevas experiencias, y no me pasará nada.


Cuando estaban juntos.

Escrito el 9 de Junio de 2013.

Estaban tumbados al sol en el césped del parque, de este parque. Ella encima de él y él con el cuello estirado, sintiendo el calor del sol en su cara, y con una sonrisa. Ella sacó la lengua y se la pasó por toda la nuez a él, que se estremeció. Pensaba que en un día tan caluroso como aquel era imposible sentir frío, pero cuando ella le hizo eso un escalofrío le recomió todo el cuerpo y lo agradeció. Algo creció entre sus piernas. Ella lo notó y se rió, complacida. 
Oscureció y llegó el momento de irse a casa. Empezaba a hacer frío. Y también empezaba la tristeza.
No podían. No podían separarse. No podían vivir así.
Cuando se despedían hasta el día siguiente, se despedían con lágrimas. Cuando tenían que irse él a trabajar y ella a clase, no lo soportaban. No rendían. Era depresión pura, lágrimas en los ojos todo el tiempo. Anhelaban los brazos de la otra persona, eran como una sola carne, como hermanos siameses, tenían una enfermedad, no podían estar separados. En casa, se pasaban las noches hablando hasta que se quedaban dormidos, y dormían con el teléfono pegado a sus caras. Los fines de semana, se levantaban a las 7 de la mañana para estar juntos y aprovechar al máximo el tiempo de los días de su vida.
Pero cuando estaban juntos...
Cuando estaban juntos, todo era morado. Las cosas adquirían formas diferentes, todo eran espirales, curvas, redondo. Flotaban en el aire. La exquisitez la palpaban con las yemas de sus dedos cuando se tocaban el uno al otro. Se amaban. Y amar no es ni siquiera la palabra correcta. Simplemente, padecían una enfermedad. Una enfermedad en la que no podían estar alejados el uno del otro.

Born to Die

Escrito el 24 de Octubre de 2012.


Éramos como Clarence y Alabama, como Mickey y Mallory, como Bonnie y Clyde, como Candy y Dan. Unos locos. Todo el día de aquí para allá, haciendo locuras, mangoneando, no haciendo nada productivo con nuestras vidas, colocándonos, manoseándonos, todo el día viendo películas, encerrados en casa. Paseábamos bajo la lluvia en bicicleta, teníamos la necesidad de besarnos a todas horas, en cualquier sitio, sin poder parar. Dormíamos en la calle. Nos reíamos por cualquier chorrada. Qué par de colgados enamorados. (?)

Fantaseábamos con ir a Thailandia y comprarnos una Harley. Escuchábamos música a todas horas y no follábamos: hacíamos el amor. Le hacíamos el amor a la vida. Todo nos daba igual, porque estábamos juntos. Todas las incomodidades, el frío no nos importaba.
Éramos invencibles. Sólo existíamos el uno para el otro. Éramos You belong to me de Bob Dylan, Sweet Jane de Velvet Underground y Born to die de Lana del Rey.
Jugando a videojuegos. Comiendo pizza y pastel de cabracho. Éramos todas las drogas duras juntos. Temerarios. 
No pudimos más. Desaparecimos el uno para el otro para siempre. Era demasiado fuerte. Acabó con nosotros.

Cuando vuelva a estar contigo.

Escrito el 24 de Julio de 2012.


Cuando vuelva a estar contigo, te llevaré yo en bicicleta.
Cuando vuelva a estar contigo, dejaré que hagas lo que quieras conmigo, me aguantaré.
Cuando vuelva a estar contigo, escucharemos Shy mil veces seguidas.
Cuando vuelva a estar contigo, no protestaré en ningún momento.
Cuando vuelva a estar contigo, fumaré todo lo que quieras y beberé absenta.
Cuando vuelva a estar contigo, haremos muchas más locuras de las que ya hicimos.
Cuando vuelva a estar contigo, montaremos a caballo juntos.
Cuando vuelva a estar contigo, te invitaré a marihuana cada día.
Cuando vuelva a estar contigo, iremos a Thailandia, y te pagaré yo el viaje.
Cuando vuelva a estar contigo, te compraré una Harley y te pagaré el carnet de conducir.
Cuando vuelva a estar contigo, te lo daré TODO.
No te negaré nada. Nunca. Para que estés conmigo toda la vida. 
Me casaré contigo y te daré hijos. Me tatuaré tu nombre y envejeceré a tu lado. 
Y jamás volveré a estar con otro hombre.