Como dos desconocidos.
Nos conocimos en su día y fuiste lo más importante para mí. Jamás pensé que te quitaría la cara, que miraría para otro lado para que no me vieras, que te retiraría el saludo. Lo mínimo. Ya no hay nada. Cero. Sólo somos dos completos desconocidos con recuerdos en común. No concibo que ni siquiera tengamos el valor para decirnos "hola", para preguntar "qué tal te va la vida". Compartimos momentos, tuvimos una historia.
Hubo un tiempo en que lo hubiera dejado todo por ti, en que lo hubiera dado todo por ti. Y hoy, tres años después, no me acerco para decirte "hola", para darte un saludo, para concederte una mirada. Y tú tampoco lo harías. Fuimos el uno para el otro durante un corto pero intenso periodo de tiempo y hoy en día ni nos saludamos por la calle. Y nunca lo haremos. Y si uno no ve al otro, el otro no se acercará jamás. No querrá ser visto. Se esconderá. Como si nos cayésemos mal cuando eso nunca pasó. Como si nos odiáramos cuando no es factible. Como si nunca hubiéramos sabido de la existencia del otro. No estoy orgullosa de esto. No soy así. Y al no haberte saludado siempre me quedará la incertidumbre de si te acordarás de mí.
Probablemente no nos veamos hasta dentro de otros tres años y ahí quizá ni nos demos cuenta de que nos hemos cruzado. Nos quedará "sonarnos". Resultarnos familiares. Es como si todo esto hubiera sido un sueño, que esto no sea la realidad, que nunca jamás haya pasado. Lo que no sé es quién de los dos lo soñó. Quizá todos esos recuerdos formen parte de una vida pasada y la realidad cuando te veo por la calle esté formada de deja vús.
Es triste la vida. Que te ocultes de esa persona tan especial para ti en su día.
Que no haya ni un sólo motivo para decir "hola".
No hay comentarios:
Publicar un comentario